…
Durante mis ultimos dias he contemplado las estrellas caerse sobre mis pies, de su flameante incandescencia no queda nada ya, todas se evaporaron con el pasar de los años, y todas mis noches tan oscuras se convirtieron. De la tragica escena solo pude rescatar las piedras sobre las cuales estuve parado, aquella rocosa base que me soporto cada que fui golpeado.
En mi solitario altar, vi al mundo con desprecio, porque comprendi que mis manos no tenian nada, que mis ojos siempre se posaron para ver el mas alla, ese horizonte del que nadie hace caso, una puerta en la que nadie se atreve a cruzar. De mi boca no salio sonido alguno, ya no necesitaba articular palabras, ya habia dicho demasiado… Y en ese instante fue que lo escuche.
Todo me parecio tan normal, aquella voz gritaba libertad aunque no lograba escucharla, el ruido del mundo no me dejaba oir lo que me decia, y entre la penumbra dejada por el fallecimiento de esas estrellas, no vi nada mas, ya no me era necesaria mi vista en esta nueva etapa… Asi fue cuando comenzo a gritar, con fuerza, con malicia, con desprecio, con ira.
Que graciosa resultaba aquella voz, me divertia con todo lo que me decia, danzaba de un lado a otro la ironia en un festin de burlas y desgracias, en donde la Muerte se disfrazaba de bufon, y cada vida era un chiste, la felicidad era desgracia y la muerte un chiste… Hasta que de aquella voz logre reconocer su origen… Tan conocido y familiar me resultaba que no me espantaba, y entonces descubri los dialogos que siempre tuve con la Muerte.
En orgia converti el festin, con mis manos estrangule los deseos de muchos, y con mi risa destrui imperios, y fue asi que despues de tales masacres construi mi nuevo altar, mucho mas alto que el anterior, en una tierra poco transitada, lejano a mi lado humano, en donde mis manos nunca tendran nada, pero mi rostro siempre mantendra esa sonrisa, un rostro feliz sin vista.
